El estrés crónico, su origen y sus efectos.

“Si puedes reconocer, aunque sea de vez en cuando, que los pensamientos que pasan por tu mente son simples pensamientos, si puedes ser testigo de tus hábitos mentales y emocionales reactivos cuando se producen, entonces esa dimensión ya está emergiendo en ti como la conciencia en la que ocurren los pensamientos y emociones: el espacio interno intemporal donde se despliegan los contenidos de tu vida.” Eckhart Tolle, El silencio habla

Para poder trascender la locura y el sufrimiento del mundo actual, la humanidad tiene que aprender a no identificarse con el pensamiento compulsivo, es decir, tenemos que darnos cuenta que no somos esa voz en nuestra cabeza que produce sin cesar un continuo flujo de pensamientos automáticos compulsivos.

Lo que pasa es que nuestra mente compulsiva no actúa sola.

El ser humano está dotado de una compleja estructura compuesta de cuerpo físico, emociones y mente – tres componentes altamente interdependientes –, sostenidos por una dimensión de no-forma, que habitualmente se denomina consciencia. Sin esta dimensión la estructura del ser humano compuesta por cuerpo-emociones-mente no tendría lugar.

Cada uno de los tres componentes de esta estructura cumple una función específica. Tanto el cuerpo, como las emociones y la mente, son herramientas que sirven a la consciencia para manifestarse en el mundo físico.

EL MODO ÓPTIMO DE FUNCIONAMIENTO DEL SER HUMANO Y LAS EMOCIONES COMO EJE DE LA CONEXIÓN CUERPO-MENTE

El rendimiento óptimo del ser humano surge cuando estamos en calma, con la mente relajada. En estas condiciones la consciencia fluye a través de nosotros y se manifiesta en el plano físico. Lo experimentamos como una inspiración que proporciona a nuestra mente creatividad, nuevas perspectivas e ideas frescas. En ese momento la mente es una herramienta que la consciencia usa para crear nuevas formas. Pero las ideas nuevas en sí se quedan sólo como ideas. Para materializarlas necesitamos el combustible que nos pone en marcha para emprender la acción, y para esto nos sirven las emociones.

Las emociones se experimentan en el cuerpo a través de un proceso bioquímico que se activa en nuestro organismo a base de unos componentes bioquímicos llamados péptidos. Hoy en día los neurocientíficos han comprobado que a diferentes emociones les corresponden diferentes péptidos. El torrente sanguíneo los distribuye por todo el cuerpo, y de esta manera es todo el cuerpo el que participa del estado emocional. Este proceso bioquímico es el que conecta nuestra mente con nuestro cuerpo predisponiéndonos a la acción.

Por desgracia, la mayoría de las personas no funcionamos con el rendimiento óptimo. Esto pasa porque nos hemos identificado con la forma. Es decir, estamos convencidos que somos nuestros pensamientos, emociones y percepciones.

Si creemos que somos aquello que pensamos y sentimos, daremos una importancia absoluta a cada uno de nuestros pensamientos e inevitablemente experimentaremos la resistencia. La resistencia es la naturaleza de cualquier forma, puesto que es a través de la resistencia como las distintas formas –físicas o mentales- definen sus límites y mantienen su cohesión. Sin resistencia, sin fronteras resistentes  en los objetos que nos rodean, el mundo se disolvería. La resistencia de los fluidos –como el agua o el aire- es menos estática pero igualmente presente. Igual que las formas externas o físicas, nuestras creencias y pensamientos —formas internas o psicológicas —, tienen su resistencia cuando entran en contradicción con las creencias de otras personas o con nuestra experiencia presente. Asimismo, nuestras emociones generan resistencia cuando las evaluamos como dolorosas y no llegamos a integrarlas.

En resumen, la identificación con las formas de nuestra experiencia –pensamientos, emociones y percepciones- crea resistencia y obstaculiza el modo óptimo de funcionamiento. Es por esto que innumerables prácticas espirituales están enfocadas a que nos desidentifiquemos de nuestra mente, emociones y percepciones. Es esta desidentificación la que permite vivir el presente en toda su plenitud, sin apegarnos a formas físicas o psicológicas.

En las sociedades occidentales, uno de los principales mecanismos que refuerza la identificación mental y hace que experimentemos la resistencia es el estrés crónico.

EL ESTRÉS Y EL EJE HPA. LA RESPUESTA DE PROTECCIÓN Y LAS TRES CAPAS DEL CEREBRO

El estrés es un poderoso mecanismo de supervivencia que tiene la finalidad de protegernos de las agresiones externas. Este mecanismo está regulado por el sistema nervioso y se desencadena a nivel fisiológico en el eje HPA (Hipotálamo – Hipófisis – Suprarrenal). El eje HPA se activa cuando el hipotálamo (una estructura neuronal en la región límbica del cerebro) detecta una señal de amenaza; al instante el hipotálamo avisa a la glándula hipofisaria (regente del sistema endocrino) sobre el peligro detectado, para que la hipófisis ordene a las glándulas suprarrenales empezar a segregar la adrenalina, la hormona que nos prepara para la respuesta de protección: lucha o huida.

El estrés por tanto constituye la respuesta fisiológica básica del organismo ante la necesidad de protegerse. El problema es que este mecanismo fue desarrollado por la evolución durante cientos de miles de años en un contexto de amenazas físicas, mientras que el ser humano actual tiene que afrontar principalmente amenazas psicológicas. Tristemente, este mecanismo que nos sirvió a la perfección cuando lo que necesitábamos era trepar rápidamente a un árbol, no nos favorece cuando hoy lo que necesitamos es pensar creativamente o adoptar una nueva perspectiva sobre nuestra situación.

Además, a diferencia de las amenazas físicas cuya presencia es identificable y transitoria, las amenazas psicológicas que vivimos actualmente tienen una presencia simbólica constante en nuestra mente. Pensemos por ejemplo en la amenaza de verse afectados por la crisis económica, o incluso de forma más sutil, en la amenaza de no ser suficientemente atractivos o de no conseguir nuestros más anhelados sueños.

Es importante que nos demos cuenta que cuando estamos en modalidad de protección es porque estamos protegiendo algo —por ejemplo nuestro cuerpo— y eso refuerza la identificación con lo que protegemos. Cuando aquello que protegemos es algo psicológico, el mecanismo del estrés refuerza la identificación con la mente. Conectando esto con lo que hemos descrito al principio, esta identificación obstaculiza el funcionamiento óptimo del ser humano creando resistencias internas.

Es cierto que el estrés puede forzarnos a rendir al máximo ante determinadas situaciones, pero desde luego no nos ayuda a desidentificarnos de la mente, y esto es clave para nuestra evolución espiritual.

Llegados a este punto, es importante que entendamos cómo nuestro cerebro decide que una  situación es peligrosa para nosotros.

Nuestro cerebro está formado por tres capas concéntricas: el tronco encefálico, la región límbica y el neocórtex. Cada capa fue desarrollada evolutivamente a lo largo de cientos de miles de años y tiene su función específica.

El tronco encefálico o cerebro reptil es la capa más interna y antigua, se encarga de regular funciones básicas e involuntarias (como la respiración o el latir del corazón) y participa junto con la región límbica en la respuesta de “lucha o huida”.

La región límbica es precisamente la que se ocupa de hacer una evaluación rápida de las situaciones para alertar sobre el peligro. Esta capa es la segunda tanto en su disposición física como por antigüedad evolutiva. A veces también se la denomina el cerebro emocional por su papel en la capacidad de sentir emociones y almacenar recuerdos emocionales. Esta parte automática o inconsciente de nuestro cerebro almacena cuidadosamente la información con todos los detalles de cada una de nuestras experiencias, incluyendo las percepciones sensoriales, las experiencias em
ocionales, las reacciones del cuerpo físico y las respuestas de protección. Su función es comparar constantemente la información de la experiencia presente con la información almacenada del pasado y ante cualquier mínima similitud que sugiera peligro activar el eje HPA. Nótese que esto puede funcionar de forma muy precisa con amenazas externas —como la presencia de un predador— pero es altamente subjetivo cuando se trata de amenazas psicológicas. Además, al tomar como referencia el pasado, nos dificulta vivir la experiencia presente en todos sus matices y posibilidades.

Y finalmente el neocórtex constituye la capa más externa y reciente evolutivamente hablando, y es la que nos permite reflexionar y ser conscientes. Estudios del cerebro en estados meditativos han mostrado una progresiva activación del neocórtex al tiempo que disminuye  la actividad en las otras dos capas.

LAS EMOCIONES NO INTEGRADAS Y LOS PATRONES REPETITIVOS PENSAMIENTO-EMOCIÓN

Tal como hemos visto antes, las emociones pueden estar al servicio de nuestra inspiración, pero también pueden activar innecesaria
mente respuestas de protección, automáticas e inconscientes, si se trata de emociones que no han sido integradas. ¿A qué nos referimos por “emociones no integradas”? Las emociones no integradas son aquellas emociones que fueron experimentadas alguna vez en el pasado sin poder ser afrontadas plenamente por su intensidad negativa, quedando asociadas con dolor psicológico. Estas emociones almacenadas en nuestro inconsciente —en el sistema límbico—, están conectadas con unas creencias específicas.

Cuando se activa una emoción no integrada, las creencias asociadas sirven de justificación a nuestro estado emocional, provocando una serie de pensamientos negativos que a su vez alimentan más de la misma emoción. Es un circuito repetitivo que genera resistencia y que puede apoderarse de nosotros momentáneamente o por largos periodos de tiempo. En algunos casos puede ser un círculo vicioso en el que vivimos toda la vida. El estrés crónico es, en este caso, el factor determinante que nos mantiene en este callejón sin salida a base de la constante activación del eje HPA asociado con la amenaza de sufrir.

Si no tomamos plena consciencia de cómo funciona nuestra mente y de qué manera está conectada con las emociones y el cuerpo físico, estaremos “secuestrados” por los patrones automáticos repetitivos y perderemos la capacidad de ser objetivos, de crear y de desarrollar desde el neocórtex nuestro potencial como individuos libres.

Pero existe otra manera de experimentar el mundo. Cuando somos conscientes de la dimensión de no-forma (consciencia) dentro de nosotros, empezamos a percibirnos como aquel que es consciente de las formas físicas y psicológicas. Hemos trascendido la forma, la experimentamos pero ya no nos identificamos con ella. Entonces el mundo no representa para nosotros una amenaza, ni tampoco la representa una opinión diferente a la nuestra o una emoción dolorosa. No se activa el mecanismo de supervivencia. No experimentamos el estrés. Aunque podamos experimentar el dolor -y actuar en consecuencia-, hemos salido del sufrimiento.

La vivencia del presente en plenitud—aquí y ahora— sin sentir una amenaza constante, sea física o psicológica, es la meta espiritual por excelencia para un sinfín de tradiciones. Muchos sabios a largo de la historia de la humanidad han hablado sobre esta forma de percibir el mundo y nos han ofrecido muchas técnicas para poder llegar a este estado de consciencia.

Además de las técnicas contemplativas tradicionales y de las terapias psicológicas, podemos promover la consciencia mediante un gran número de técnicas corporales que desactivan el eje HPA y con ello el circuito de retroalimentación pensamiento-emoción, por ejemplo ESI Reflexology. Afortunadamente hoy en día podemos poner los conocimientos de la neurociencia al servicio de una salud holística que integre cuerpo y mente a través de la consciencia.

Elena Ranov Istomina, Gabriel Fernandez Borsot

LIBROS:

Bruce H. Lipton: La biología de la creencia, Ed. Palmyra, 2010

Candace B. Pert: Molecules of Emotion: The Science behind Mind-Body Medicine, Ed. Scribner, 2010

Yongey Mingyur Rinpoché: La alegría de vivir. El secreto y la ciencia de la felicidad, Ed. Rigden-Institut Gestalt, 2012

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¿POR QUÉ LAS EMOCIONES SON TAN IMPORTANTES?

Las emociones son el combustible que nos hace posible manifestar aquello que pensamos.

Aunque es cierto que nuestra mente es poderosa, las emociones no integradas - los conflictos emocionales no resueltos – dirigirán nuestros pensamientos, acciones y decisiones. En último término, las emociones no resueltas dirigirán nuestra vida.

Por esta razón es tan importante tener en cuenta nuestras emociones, y sobre todo las que vivimos antes de aprender a pensar.


Imagen revista 282 oct 2015 LIBERARSE DEL ESTRÉS CRÓNICO El estrés inflama, oxida y resta defensas a nuestro organismo. Lo atribuimos a un estilo de vida frenético, pero su origen profundo está en emociones no integradas que activan respuestas físicas y psíquicas repetitivas. Un círculo del que se puede salir.